Déficit de magnesio puede manifestarse con calambres y espasmos musculares. También son frecuentes el cansancio, la debilidad física, los trastornos del sueño, así como la nerviosidad o irritabilidad. Los dolores de cabeza también pueden ser una señal.
Déficit de hierro suele notarse por cansancio y fatiga persistentes. Las personas afectadas suelen tener un aspecto pálido y se quejan de piel seca. También pueden aparecer dificultades de concentración, falta de aire al hacer esfuerzo físico, uñas quebradizas y caída del cabello.
Déficit de zinc puede debilitar el sistema inmunitario y aumentar la susceptibilidad a infecciones. Otros síntomas posibles son la caída del cabello, uñas frágiles, cicatrización lenta y problemas cutáneos como acné o eccema. También se describe una disminución del sentido del gusto y del olfato.
Déficit de cobre puede provocar anemia y manifestarse como debilidad y cansancio. Además, pueden aparecer molestias neurológicas como sensación de hormigueo. Son posibles cambios en la piel y el cabello, como la pérdida de color del pelo. Si el déficit se prolonga, aumenta el riesgo de osteoporosis.
Déficit de cromo se asocia a menudo con antojos de azúcar y carbohidratos. Las fluctuaciones en los niveles de glucosa en sangre y un aumento del cansancio también pueden ser señales.
Déficit de selenio puede afectar las defensas y manifestarse con infecciones frecuentes. También se observan caída del cabello, debilidad o dolor muscular y cambios en la piel y las uñas. En algunos casos pueden aparecer alteraciones en la función tiroidea.
Déficit de manganeso puede causar trastornos del crecimiento en niños. En adultos, los efectos suelen notarse sobre todo en huesos y articulaciones, con mayor riesgo de osteoporosis. También pueden aparecer problemas cutáneos y una tolerancia reducida a la glucosa.
Déficit de vitamina A suele manifestarse con problemas de visión, especialmente dificultad para ver de noche. También pueden aparecer sequedad en la piel y los ojos. El sistema inmunitario puede estar debilitado y, en niños, puede haber retraso en el crecimiento.
Una carencia de vitaminas del grupo B puede provocar cansancio y sensación general de debilidad. Problemas de concentración y memoria, nerviosismo, irritabilidad o estados de ánimo bajos son posibles señales. También son frecuentes los problemas cutáneos, labios agrietados y caída del cabello.
Déficit de vitamina C puede notarse por una mayor susceptibilidad a infecciones. También son típicos el sangrado de encías, la cicatrización lenta de heridas, la piel seca y áspera, así como dolores articulares y musculares. El cansancio también es frecuente.
Déficit de vitamina D se asocia a menudo con dolores óseos, menor densidad ósea y debilidad muscular. Además, puede haber mayor propensión a infecciones, cansancio persistente y estados de ánimo bajos.
Déficit de vitamina E puede causar debilidad muscular y alteraciones visuales. También es posible una menor función inmunitaria y molestias neurológicas como hormigueo o sensación de entumecimiento.
Déficit de vitamina K se manifiesta a menudo por una mayor tendencia a sangrar, como hemorragias nasales o sangrado de encías frecuentes. Además, la cicatrización puede ser más lenta y, a largo plazo, pueden aparecer problemas óseos.
La falta de estos nutrientes puede deberse a diferentes causas, como una alimentación desequilibrada, situaciones de mayor exigencia o problemas de absorción. Es recomendable consultar con un profesional sanitario para poder tratarlo de forma adecuada y segura.